La economía internacional, otra vez con nubes en el horizonte

20/10/2014
Por: Ramiro Albrieu

En las economías avanzadas no hay una agenda común. Por un lado, en Estados Unidos hay cierta inestabilidad de corto plazo, pero las discusiones siguen apuntando hacia la dinámica de crecimiento post-crisis. 

 

En Estados Unidos la situación actual suele compararse con  el panorama más bien pesimista post- New Deal, cuando las políticas fiscal y monetaria de estímulo a la demanda agregada de corto plazo se revelaron insuficientes para  sostener el crecimiento económico. En aquel momento se comenzó a hablar del “estancamiento secular”, término que hoy vuelve para subrayar la idea de que quizás las políticas de estímulo  no sean suficientes para el tipo de problema que se quiere resolver. Las propuestas para combatir la situación, no obstante, están lejos de mostrar unanimidad. Para algunos analistas, la aceleración del crecimiento puede encontrarse en políticas de oferta, tales como la búsqueda de mecanismos para compensar los efectos nocivos de la transición demográfica sobre la tasa de actividad. Para otros, el problema es de demanda y para evitar el estancamiento secular habría que colocar las tasas de interés en terreno negativo y, en un contexto de tasas de inflación muy bajas, es difícil lograrlo ya que las tasas de interés nominal están limitadas por el piso del 0%. En términos concretos, esta discusión es clave pues puede determinar el curso futuro del tapering; del retiro de los mecanismos de estímulo monetario asociados con el quantitative easing.  

 

En Europa la agenda post-crisis aún no ocupa el centro de la escena porque la crisis parece no haber terminado. En vez de eso, la economía se contrajo en forma consecutiva en 2012 y 2013, y los pronósticos apuntan a un magro crecimiento para el año en curso. Y no se trata sólo de España o Italia, sino también en Francia y Alemania. En particular, en Alemania el gobierno revisó a la baja su crecimiento para 2014 y 2015 (1.2% y 1.3%, respectivamente). La reacción del Banco Central Europeo (BCE), anunciando su propia versión del “Relajamiento Cuantitativo” norteamericano, quizás llega tarde y no en la suficiente magnitud como para transformar la crisis soberana actual en crecimiento económico. De Japón tampoco llegan buenas noticias: la economía nipona se contrajo el segundo trimestre y es difícil saber si se trata de un resultado del excesivo intervencionismo en el marco de la abenomics, o si es que ésta necesita profundizarse aún más.

 

Mientras tanto, en las economías emergentes el panorama tampoco luce prometedor. Por un lado, los motores del crecimiento de la etapa previa a la crisis Subprime –China e India – ajustaron su crecimiento hacia abajo, aunque siguen expandiéndose a tasas altas (más de 5%). Por otro lado, el resto de los emergentes parece tener que ajustarse a una “nueva normalidad”  de un crecimiento más bajo (no mayor al 3%). El panorama es particularmente desalentador en las otras tres economías emergentes, grandes y otrora prometedoras: Brasil, Rusia y Sudáfrica. El FMI pronostica para la primera un crecimiento en 2014 de 0.3%, para la segunda de 0.2% y para la tercera de 1.4%.

 

El caso de Brasil es de particular interés, no solo por las ventas directas de Argentina, sino también porque es un termómetro de lo que sucede en la región. Las tareas allí en términos de reparación de la salud macroeconómica no son sencillas, y por ello se explica el complejo panorama del país vecino. Tampoco hay buenas noticias en el resto de la región: a excepción del caso mexicano, en general los pronósticos de crecimiento para América Latina son negativos, al punto que se espera una expansión de 1.3% para 2014 y de 2.2% para 2015.