Mirando el 2014 en Argentina: ¿Dónde está el piloto?

23/12/2013
Por: José Fanelli

 Lo complicado de la situación puede constatarse tanto mirando los síntomas inmediatos como los factores fundamentales que están generando los desequilibrios. Esto no implica, sin embargo, que la economía no cuente con recursos y oportunidades para superar esta situación y volver a crecer de forma sostenible. Los obstáculos están en otra parte: en las inconsistencias de política y en la falta de credibilidad en las reglas de juego. Es el software, no el hardware. Vale la pena repasar estas cuestiones a modo de evaluación de las restricciones y oportunidades que tendrá la economía en 2014.

 

Los síntomas más relevantes

En el corto plazo, los síntomas y las amenazas a la estabilidad macroeconómica de mayor relevancia son los siguientes:

a. Aceleración de la inflación

 Según el índice que elabora el Congreso la inflación mensual en noviembre se ubicó en 2.4%. Anualizado significa una inflación del 30%. El gobierno sigue sin estructurar un plan anti-inflacionario coherente. Por eso es posible que la inflación esté en primera página durante todo el año que se viene. Hay tres razones.

a.1. La emisión monetaria para financiar al tesoro sigue siendo muy alta. Un factor que ha ayudado a que la situación no sea explosiva es que la pérdida de reservas hace caer la base monetaria, "esterilizando" parte de la emisión originada en necesidades fiscales. Pero esto no puede durar. Por un lado, como la emisión para financiar al gobierno no cesa y las reservas están cayendo, la base monetaria tiene cada vez menos respaldo en divisas. La teoría económica y el sentido común nos dicen que ante esa situación aumenta la probabilidad de un ataque especulativo contra nuestra moneda. Ese ataque tomaría hoy la forma de una ampliación muy significativa de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo. Por otro lado, si las autoridades tienen éxito en parar la salida de reservas pero siguen emitiendo, desaparece la "esterilización" y, entonces, el efecto de la emisión se sentirá de forma plena como presión inflacionaria.  Así, hay dos alternativas malas: si no para la salida de reservas aumenta el riesgo de un ataque especulativo. Si para la salida, aumenta el riesgo de una fuerte aceleración inflacionaria.

a.2. Podría pensarse que la emisión monetaria no importa porque la inflación no es un fenómeno monetario. Si aceptamos esta hipótesis, las consecuencias tampoco son alentadoras. Las teorías no monetarias afirman que la inflación se debe a que las correcciones de precios relativos llevan a aumentos de precios porque los precios nominales son rígidos a la baja.  

Para aclarar un poco. Los precios relativos son cocientes entre precios nominales. Por ejemplo, el salario real es un cociente entre el salario nominal y los precios. Así, si los precios no bajan, la única forma de aumentar el poder adquisitivo del trabajador es aumentar los salarios nominales. Tomemos dos ejemplos de precios relativos en estos días: el tipo de cambio real y el salario real de los policías.  El salario real de los policías subirá en estos días porque sus salarios subieron más que los precios. Pero ello arrastrará a todos los salarios en las próximas paritarias y, de esa forma, el aumento nominal de salarios de los policías deviene en un factor inflacionario. El gobierno, por otra parte, también está tratando de subir otro precio relativo: el tipo de cambio real. La herramienta que utiliza es aumentar el precio nominal del dólar. Últimamente lo está haciendo a un ritmo superior al 40%. Esto, hoy por hoy, mejora la competitividad de los exportadores. Pero también implica que aumentará el precio interno de los alimentos y de todo lo que se importa como insumo para la industria, etc.  

Conclusión: las políticas actuales son inflacionarias con cualquier teoría. Ninguna teoría de la inflación dice que si se emite más y/o se aumentan los salarios y el tipo de cambio ello no se traducirá en aumentos de precios, bajo condiciones como las de la economía argentina actual. ¿Se puede salir de este callejón? Sí. Ya está estudiado. Pero hay que empezar por atacar las causas fundamentales, no el síntoma.    

b. Pérdida de reservas

En el año se perdieron USD12500 y en noviembre USD2400 solamente . El gobierno ha tomado medidas poco sustantivas para revertir esta situación. Las medidas más salientes fueron: tratar de reabrir fuentes externas de financiamiento (FMI, Banco Mundial, Club de París, arreglo con Repsol) y utilizar sustitutos del dólar (bonos en poder de la Anses) para aumentar la oferta y aplacar la demanda. Se espera que las autoridades amplíen la disponibilidad de sustitutos del dólar emitiendo bonos atados al dólar. Estas medidas generan los siguientes interrogantes.

b.1. Los fondos que podrían conseguirse por la vía externa no son suficientes y llegarán en cuenta gotas. Por otra parte, la venta de bonos dolarizados abarata la salida de dólares utilizando el mecanismo de comparar los bonos aquí y venderlos por dólares en el exterior. Este abaratamiento termina impulsando la salida de capitales, amén de descapitalizar a la ANSES, que vende sus bonos a precios de desequilibrio (baratos).

b.2. La emisión de bonos atados al dólar implica que el gobierno se endeuda a un costo igual a la tasa de devaluación más la tasa que pague sobre ese bono. Si devalúa a una tasa del 40% ese es el piso de lo que pagará. ¿Por qué, al mismo tiempo, se paga una tasa de interés negativa sobre los depósitos y otros instrumentos del central? Esta es una pregunta sin respuesta. Nótese: el gobierno emite para financiar su déficit y luego coloca un bono al 40% para financiarse, de forma de retirar el dinero que emitió. Y con el agravante que, de hecho, la autoridad no sabe qué costo de deuda terminará pagando ya que ello depende de la devaluación futura. Las autoridades harían bien en repasar la costosísima experiencia brasileña con bonos atados a la devaluación en el pasado. ¿No sería más coherente absorber base monetaria con instrumentos de esterilización que paguen una tasa de interés más razonable que la actual?

Conclusión: la política monetaria y de manejo de reservas y deuda pública es inconsistente y costosa. Siendo esto así, es difícil que los inversores dejen de demandar dólares. Podría ocurrir que con un bono atado al dólar más algunos préstamos externos se logre detener en algo la sangría de reservas, sobre todo cuando el campo esté liquidando. Pero, ¿quién invertirá o comprará bienes durables si se puede ganar 40% con bonos? Y sumémosle a esto el impuesto a los automóviles. Tomando en cuenta que la automotriz fue la única rama fuertemente dinámica este año, la conclusión sobre el nivel de actividad que puede esperarse para el año que viene es obvia.

c. Exacerbación de la puja distributiva

La rebelión de las policías provinciales es la punta del iceberg. Detrás de esos reclamos vendrán los del resto de los empleados públicos, los privados y los plan-dependientes.

c.1. Las provincias no pueden pagar ni siquiera los aumentos a los policías. Es fácil deducir que el año que viene estará signado por la puja Nación-Provincias por la distribución de los recursos. Hay que tener en cuenta que las provincias tienen a su cargo el 50% del gasto social y sólo el 25% de los recursos nacionales. Si pierden las provincias, pierde el gasto social.

c.2. Los empleados del sector formal tienen mayor poder de negociación que los informales. Por lo tanto, podría ocurrir que tuvieran mayor capacidad para mantener el salario real. Sin embargo, esto no es gratis para la economía en su conjunto. Si el salario real sube o se mantiene ocurrirán tres cosas. Primero, si el gobierno devalúa pero no logra hacer caer el valor del salario en dólares, los costos en dólares no caen y el sector externo seguirá bastante anémico. Segundo, cuanto mayor el salario, menor la capacidad de generar empleo y mayor el desempleo. Si el sector público no puede gastar más y no puede emplear más y el sector privado no genera empleo, ¿quién creará el empleo el año que viene? Tercero, los aumentos nominales de salarios en el sector formal alimentarán la inflación.

c.3. Quienes menor poder de negociación tienen son los sectores que dependen de los planes del gobierno y de subsidios como la asignación universal. La inflación está haciendo estragos con el poder adquisitivo de estos sectores. Hoy, la AUH son 460 pesos. El incremento en el gasto en seguridad y, en general, de los salarios formales estatales erosiona y desplaza el gasto social en subsidios. El efecto neto es muy regresivo.

Conclusión. El gobierno enfrentará el año que se inicia fuertes reclamos distributivos y la frazada es corta. La única forma de satisfacer las demandas de las provincias, las salariales públicas y aumentar los subsidios es incrementar el gasto público. O sea, incrementar el déficit. O sea, incrementar la emisión y la inflación. O sea, achicar el tamaño de la frazada, lo cual incentivará una nueva ronda de reclamos.   

d. Violación de la ley de la mano de conflictos sociales irresueltos

Los eventos asociados con la rebelión policial tuvieron un costo adicional: llevaron al desconocimiento de facto de la ley y de la autoridad pública. Esto tiene dos consecuencias importantes.

d.1. Así como se dice que la naturaleza tiene horror al vacío, también puede afirmarse que la sociedad tiene horror al caos. Por lo tanto, los agentes económicos anticipan de manera racional que si el gobierno debe decidir entre el caos y la emisión monetaria para satisfacer las demandas de sectores con gran capacidad de negociación (o, deberíamos decir, de "extorsión social"), elegirá la emisión. Esto no ayuda a apaciguar las expectativas inflacionarias.

d.2. La Argentina ya tiene un mal clima de inversión. Los eventos de esta semana no contribuyeron a mejorarlo y ello tiene efectos depresivos sobre la inversión.

 

Las causas fundamentales del desequilibrio

Como ya hemos comentado reiteradamente en este informe, las causas más profundas de los desequilibrios actuales son la desaparición de los superávit gemelos y su reemplazo por déficit gemelos: déficit fiscal creciente y déficit de cuenta corriente. A su vez, la transición de superávit a déficit gemelos no se podría explicar sin hacer referencia a tres factores básicos:  la distorsión de precios relativos de la energía, el atraso del tipo de cambio real y la inestabilidad de las reglas de juego que destruye la credibilidad.

Todos los síntomas que hemos comentado se originan en esto. El gobierno emite porque tiene déficit fiscal y no puede tomar prestado. Y tiene déficit fiscal y no puede tomar prestado porque los subsidios a la energía aumentan enormemente el gasto mientras la falta de credibilidad le cerró los mercados de crédito. El gobierno controla importaciones y colocó un cepo porque el atraso del tipo de cambio espoleó las importaciones y el turismo, al tiempo que la falta de credibilidad promueve la fuga de capitales. 

Si no se atacan estas distorsiones básicas, los síntomas seguirán presentes y, a lo sumo, cambiará la forma en que se manifiestan. Por ejemplo, un control de precios sin medidas para evitar la dominancia fiscal sólo pueden mitigar la inflación durante un período breve, como ocurrió con los controles que se impusieron este año. La única forma de tener espacio para implementar un programa coherente contra la inflación es controlar los déficit gemelos y ello implica corregir precios relativos. No hay otra forma. Si sigue posponiendo la solución a estos problemas, las consecuencias inflacionarias y sociales serán cada vez menos manejables. Y la mejor forma de mitigar el impacto del ajuste es mejorar la credibilidad de forma de contar con más financiamiento y, sobre todo, inversiones productivas que creen demanda agregada y empleo.

 

Las oportunidades

Hay que tomar en cuenta, no obstante, que las distorsiones existentes no sólo generan desequilibrios y conflictos, también impiden aprovechar las importantes oportunidades que el país tiene. Hay tres puntos que son particularmente importantes para evaluar el futuro en el año que se inicia.

Primero: la inversión es baja porque el clima de inversión es malo. No porque falten proyectos rentables. Existen oportunidades muy claras relacionadas con los precios internacionales actuales, los descubrimientos en el área energética y el significativo atraso de inversión en infraestructura. Una mejora creíble en las reglas de juego y un programa macroeconómico consistente podrían generar un boom de inversiones.

Segundo: la Argentina no sufre una restricción externa porque está sobre-endeudada o porque el sector transable no esté en condiciones de aumentar las exportaciones. El sector público tiene una deuda en dólares con el sector privado menor al 10% del PBI y el sector privado es acreedor del resto del mundo. Si hubiese mayor credibilidad en las instituciones de resguardo de la propiedad financiera el país gozaría de un exceso de ahorros y de dólares para financiar la inversión. Esto sólo podría verse obstaculizado si el proceso de tapering (desactivación del quantitative easing) en Estados Unidos se hace mal, perjudicando a las finanzas emergentes en general y a Brasil en particular.

Tercero: la Argentina no tiene falta de recursos fiscales. Todo lo contrario. Nunca se recaudó como ahora; ni de cerca. El problema es que se asigna mal el gasto. Se desfinanció a las provincias reduciendo la coparticipación significativamente, en favor de la Nación. Una vez hecho eso, la Nación utilizó una enorme cantidad de recursos para financiar subsidios a la energía y el transporte, fútbol para todos e incrementos en la cantidad de empleados públicos. Se secó a las provincias que hacen gran parte del gasto social para destinar 4% del PBI a subsidiar a sectores que en gran medida no lo necesitan. Recursos hay más que nunca. Hay que utilizarlos bien y podríamos empezar en 2014.

En suma, el país no tiene un problema de falta de recursos, ni en el sector público ni en el privado. Pero tiene un enorme desorden fiscal, monetario y de precios relativos.  De aquí que no es difícil encontrar inversores dispuestos a apostar por la Argentina, aún con los nubarrones que hoy se avizoran en el horizonte de 2014. El razonamiento de los optimistas es simple: el sol está detrás de las nubes. El que adivine cuándo despejará y se adelante a ese hecho, va a hacer muy buenos negocios: comprará barato un día nublado para disfrutar de los beneficios cuando salga el sol.

Aunque los pesimistas también tienen lo suyo: es muy difícil predecir cuándo la economía volverá a ordenarse porque ello depende de forma crítica de variables políticas, más que económicas. Dada la gran incidencia de la política, no sorprende que los pronósticos de los macroeconomistas típicamente no sean más certeros que los del servicio meteorológico. Por lo tanto: se pueden hacer buenos negocios, pero el riesgo también es muy alto.    

En suma, las perspectivas para 2014 son bastante poco alentadoras si el escenario de aceleración de la inflación y desorden monetario y fiscal no cambia sustancialmente. Pero si lo hiciera de manera creíble y consistente sin dudas las perspectivas mejorarían mucho. Se necesita urgentemente un programa consistente que muestre hacia dónde quiere ir el gobierno. Por ello, además de dónde está el piloto, no es para nada exagerado preguntar también: ¿cuál es el plan de vuelo?