Que nuestros hijos y nietos lo paguen. Midiendo los efectos de largo plazo del mal manejo del bono demográfico en Argentina.

10/11/2014
Por: Ramiro Albrieu

 

 

¿Estamos cobrando el dividendo demográfico? Una métrica posible

 

Supongamos que ?a,t es el consumo per capita de la cohorte “a” en el período “t” y ?a,t el ingreso laboral per capita en el período “t”, ambos normalizados por el ingreso laboral promedio de las cohortes 30-49. Con ello podemos definir al déficit de ciclo de vida (DCVPC a,t) per capita de cada cohorte como:

 

                                                  DCVPC a,t = ?a,t  -  ?a,t                                                             (1)

 

El proyecto de National Transfer Accounts (NTA) reúne a investigadores de más de 40 países con el objetivo de crear un sistema de cuentas estadísticas que mida los flujos económicos por cohorte y por persona de forma de hacerlos consistentes con el sistema de cuentas nacionales. De esta manera, podemos utilizar los perfiles de consumo e ingreso laboral per capita por cohorte para el año base (el “año cero”), podemos escribir (1) como

 

                         DCVPC a,t = (1+gca)t ?a,0  -  (1+gya)t ?a,0                                                       (2)

 

Donde gca es la tasa de crecimiento del consumo de una persona de la cohorte a, y gya es la tasa de crecimiento de su ingreso laboral. Nos interesará también estimar el déficit de ciclo de vida que supone constante el comportamiento (resumido en la dinámica de la productividad y del consumo per capita):

 

                         DCVPC* a,t =  ?a,0  -   ?a,0                                                       (3)

 

 

 Hasta aquí lo que refiere al individuo. Para ver los efectos de la demografía debemos agregar la dinámica de la estructura poblacional. Si Xa,t es la población de edad “a” en el período “t”, es posible estimar los déficit de ciclo de vida de la cohorte de edad “a” de la siguiente manera:

 

rax5.jpg

 

 

Nótese la diferencia entre las ecuaciones (4) y (5), mientras la segunda exhibe únicamente el efecto demográfico, la primera agrega los comportamientos (el mix productividad/consumo). Ahora, con ello podemos definir dos tipos de riqueza. La primera, definimos la riqueza asociada al ciclo de vida para la cohorte que tiene “a” años en el período “t” como la sumatoria de los déficits de ciclo de vida futuros descontados de aquellos que sobreviven en cada año que pasa, tomando un horizonte de planeamiento Z, suponiendo invariantes los perfiles de productividad y consumo per capita:

 

                                      rax6.jpg

 

Si agregamos la riqueza de ciclo de vida por cohorte de la población adulta con capacidad de ahorro (desde los 26 años hasta A, la edad del argentino más longevo) obtenemos las riquezas del ciclo de vida agregada en “t” de la siguiente manera:

 

          rax7.jpg

 

 

La figura 1 exhibe dos trayectorias: (a) la demanda de riqueza necesaria para financiar los déficit de ciclo de vida futuros dado el mix productividad/consumo (línea negra) y (b) y la demanda de riqueza con el mix productividad/consumo efectivamente observado en el período 1995-2010 (la primera mitad del bono demográfico). La diferencia que se observa quiere decir que se necesita una fuerte cantidad de recursos que deberán ser aportados por el ingreso no laboral o nueva acumulación de riqueza. En este segundo caso, debería subir la tasa de ahorro. Esta divergencia entre lo necesario para cubrir los déficit de ciclo de vida y el ritmo de acumulación surge de una trayectoria del consumo per capita que sobrepasa a la de la productividad; de hecho, según las estimaciones del Banco Mundial y The Conference Board hubo una brecha entre la evolución del consumo per capita y el PBI por trabajador para el caso argentino a lo largo del bono: el primero creció al 1.8% al año y el segundo a 1.4%. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la Argentina puede financiar parte de su consumo sobre la base de ingresos no laborales provenientes de los recursos naturales. Esto implica que una trayectoria favorable de los términos de intercambio podría hacer posible financiar la demanda de riqueza de ciclo de vida en el futuro a pesar de una tasa de ahorro baja. Obviamente, un shock de términos de intercambio negativo tendría el efecto contrario, obligando a una mayor frugalidad.

 

Figura 1

Evolución de la demanda de riqueza (% del ingreso laboral)

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Fuente: Elaboración propia en base a datos de ARKLEMS (http://arklems.org/) y Banco Mundial

 

 

 

¿Y hacia delante? Escenarios de ajuste

 

Nuestras discusiones sobre cómo el comportamiento macroeconómico puede dificultar la posibilidad de cobrar el segundo dividendo toman mayor importancia si pasamos a un análisis prospectivo. Para el caso argentino sabemos que queda poco más de la mitad de la ventana demográfica y luego empieza la etapa del envejecimiento. Así, es clave discutir las posibles interacciones entre la transición demográfica y el comportamiento macroeconómico en las próximas dos décadas. Al respecto, la figura 2 muestra la evolución de la demanda de riqueza en dos escenarios: uno base, guiado únicamente por la transición demográfica y otro que proyecta un status quo en el comportamiento, es decir, una situación donde el consumo por habitante crece por encima de la productividad, como ocurrió desde el comienzo de la ventana demográfica. Nótese allí que el escenario de status quo es inconsistente en términos intertemporales: ¿quién va a financiar a una economía que no podrá generar superávits a la hora de pagar debido a que será “vieja” en términos demográficos?

 

Figura 2

Demanda de riqueza

 (% del ingreso laboral, 2010=100)

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Fuente: Elaboración propia

 

Así, en algún momento de las próximas décadas deberá cambiar el mix consumo per capita / productividad. Por supuesto: allí está la clave del segundo dividendo: incrementar la productividad de manera de evitar ajustes indeseables en el consumo. Para fijar ideas, la figura 3 presenta dos escenarios de ajuste: el coreano, que incrementó fuertemente la productividad durante la etapa del bono, y el español, donde ello no ocurrió y entonces la corrección del mix productividad/consumo se está haciendo con la economía envejecida. Suponemos que el ajuste se realiza en un cuarto de siglo. Con estos supuestos, se observa que si se realiza el cambio durante lo que resta de la ventana, o bien el PBI por empleado acelera su crecimiento, de 1.4% a 2.1%, o bien el consumo per capita desacelera su crecimiento, de 1.8% a 0.9%. Si la procrastinación manda, tenemos el segundo escenario. En este caso, la demografía jugará en contra (de hecho, el support ratio irá en descenso), de manera que los ajustes requeridos serán más fuertes: la productividad debería acelerarse hasta el 2.6% al año, o bien el consumo debería desacelerar hasta el 0.6% al año.  

 

 

 

Figura 3a

Demanda de riqueza - escenario de ajuste "a la Corea"

  (% del ingreso laboral, 2010=100)

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Figura 3b

Demanda de riqueza - escenario de ajuste "a la España"

  (% del ingreso laboral, 2010=100)

 rax44.jpg

Fuente: Elaboración propia 

 

 

Por supuesto, se trata de proyecciones de muy largo plazo; un sinnúmero de eventos podría alterar nuestros supuestos. Pero la cuestión de fondo persiste: Argentina no está aprovechando el bono demográfico, y ello obligará a ajustes indeseables cuando el país entre en la etapa del envejecimiento poblacional. En el futuro no tan lejano, deberá o bien incrementar la productividad o bien reducir el consumo. Además, cuando más tarde comience, mayor será el ajuste necesario.