2016: viento de frente para América Latina

26/01/2016
Por: Ramiro Albrieu (CEDES)

Pensando en el año que comienza, la agenda económica internacional está dominada esta semana por tres temas: (a) la suba de la tasa de política monetaria en Estados Unidos en un contexto de políticas monetarias expansivas en el resto del mundo emergente, (b) la desaceleración de China y (c) la caída en el precio de los combustibles (y otros commodities) y su efecto sobre el nivel de actividad global. 

 

Sobre el primero punto, sabemos que la normalización monetaria norteamericana había comenzado con el retiro gradual de los programas masivos de estímulo monetario a lo largo de los últimos dos años; ahora le toca el turno a la tasa de interés, que subió en diciembre por primera vez desde el año 2006. La suba fue de apenas 25 puntos básicos aunque se esperab que sea el comienzo de un proceso gradual que continuaría en marzo de 2016. Sin embargo, una nueva ola deflacionaria y de anemia de crecimiento en el frente doméstico y programas expansivos de politica monetaria en el resto del mundo avanzado podría llevar a retrasar unos meses la decisión de subir nuevamente la tasa en la primera parte del año.

 

El segundo elemento que oscurece el panorama global es China. Allí hace años se discute la capacidad de la planificación estatal (y más específicamente del Partido Comunista Chino) para controlar  las fuerzas de mercado. En años pasados se trataba de los mercados para los factores productivos, dado que tanto el costo del capital como el del trabajo se encuentran aún severamente distorsionados por la política pública; ahora es el turno de los mercados financieros. En los últimos días el mercado accionario de Shanghai se hundió un 25%, la cual ha ido acompañado de una fuerte fuga de capitales –a pesar de los controles gubernamentales-, de manera que también la capacidad para manipular el Yuan está en duda. De fondo, el interrogante es si una economía que en diez años multiplicó por cuatro el share de la clase media  puede detener o retrasar la ampliación de los derechos individuales, como es el caso de participar libremente en los mercados.

 

El tercer tema de relevancia en el panorama mundial se relaciona con el precio de las materias primas y el petróleo en particular. En efecto, el precio del barril parece no encontrar piso y los cambios en la oferta (la aparición del shale en Estados Unidos, el cambio de estrategia de Arabia Saudita y el fin de las sanciones a Irán) apuntan a mayores ajustes a la baja en el futuro inmediato. Aquí el principal efecto directo opera sobre las cuentas externas y fiscales de los países exportadores de petróleo, muchos de los cuales están teniendo dificultades para ajustarse a los menores precios (notablemente Rusia y Venezuela). Un segundo efecto negativo se refiere a la salud financiera de las empresas que operan en el sector, que deben encarar un proceso de desinversión en un contexto –en muchos casos- de sobreapalancamiento. A la vez, los países importadores de petróleo, beneficiados por la baja, no lograr traducirla en un impulso al nivel de actividad, porque se trata de países donde dominan las fuerzas recesivas. Los tres efectos, más las dificultades en los países emergentes asociados a la apreciación del dólar que comentamos más arriba, confluyen para que los deprimidos precios de las materias primas signifiquen malas noticias para los mercados financieros, que ya han tomado nota ajustando hacia abajo frente a los últimos desarrollos.

 

Uno de los países que se encuentra en el centro de la escena –y no por buenas razones- es Brasil. Allí se espera que el nivel de actividad se contraiga un 3.5% en 2016 (había caído un 3.8% en 2015) y la inflación minorista se ubica ya en niveles de dos dígitos. El escándalo de Petrobras y la inestabilidad política tampoco ayuda en un panorama que seguramente traerá noticias en los próximos meses.