Economía global: mejor en el corto plazo, más problemas para el futuro*

03/05/2017
Por: Ramiro Albrireu (CEDES)

Dos cuestiones resaltan el reciente análisis de la economía global del FMI. La primera es que, a pesar de los riesgos políticos y la incertidumbre económica, el mundo enfrenta una aceleración del crecimiento desde la segunda mitad de 2016 que implica una sensible mejora con respecto a lo ocurrido en 2014-15. La segunda, que los riesgos de un episodio de crash global, lejos de reducirse, han aumentado. Veamos.

 

El FMI estima que la economía mundial crecerá un 3.5% en 2017. La aceleración con respecto a 2016 ocurriría tanto en el mundo avanzado (pasaría de 1.7% en 2016 a 2% en 2017) como en el emergente (de 4.1% a 4.5%). En el agregado de los países de altos ingresos la aceleración se debe casi exclusivamente a Estados Unidos, que crecería 2.3% en el año en curso (Canadá, Australia y Nueva Zelanda irían en el mismo sentido). Japón seguiría estancado, mientras que dentro de las economías grandes de Europa ni Alemania ni Italia crecerían por encima del año pasado. En el mundo emergente también hay heterogeneidades en las trayectorias de crecimiento. Tanto China como la India siguen siendo los motores de crecimiento global: crecerían por encima del 6%. El resto del grupo de los BRICS la están pasando bastante mal. Rusia se expandiría un 1.4% en 2017, Sudáfrica 0.8% y Brasil un magro 0.2%. América Latina y Medio Oriente son las regiones más rezagadas en materia de crecimiento.

 

¿Qué hay detrás de estas dinámicas? Tres hechos relativamente inesperados: un mayor crecimiento en el mundo avanzado (en Estados Unidos motivado por el crecimiento del consumo y en medida de la inversión bajo un escenario de una política fiscal más agresiva; en la zona Euro y Japón por un rebote de las exportaciones), una recomposición en los volúmenes de comercio internacional luego del período de estancamiento iniciado en 2011 y una caída en el precio del riesgo a nivel global a pesar de la apreciación del dólar.

 

Este panorama, benigno en el corto plazo, se ve amenazado por dos cuestiones.

 

La primera, que el crecimiento global reproduce en buena medida lo ocurrido con anterioridad a la crisis Subprime: un puñado de países asiáticos sigue creciendo a tasas diferenciales y convergiendo a los estándares de vida de las economías ricas; en éstas la baja productividad y el ahuecamiento en la distribución del ingreso ponen un techo al crecimiento del producto potencial y estrechan la relación entre las aceleraciones de crecimiento y las burbujas de consumo. El debate sobre un nuevo ciclo de desregulación financiera en Estados Unidos también remite al período previo a 2007-8.  Así, con una diferencia importante – la periferia europea ya no está del lado de los “gastadores”- los desbalances globales siguen siendo un rasgo estructural de la economía global.

 

La segunda cuestión se relaciona con una posible reversión en las políticas pro-globalización en las economías avanzadas que arrastre al mundo hacia el proteccionismo. Parece descabellado plantearlo cuando sabemos que una de las prioridades de los líderes mundiales en 2009-10 fue justamente evitar que se repitieran los errores de la crisis del treinta. Pero casi una década después los líderes cambiaron y el ánimo es otro: la aparición de un sentimiento anti-globalización y antielites en las economías avanzadas debe tomarse como un aumento del riesgo global en este sentido. Mientras este nuevo ánimo quede en el plano de las ideas la economía global podrá crecer  en el corto plazo repitiendo la dinámica de la primera década del siglo XXI; si pasa a los hechos, el efecto es incierto.

 

Hay sí un cambio que no es tan relevante a nivel global pero a nosotros nos importa –y mucho-. La dinámica de crecimiento global, decíamos, se sostiene en la continuidad del proceso de convergencia entre un grupo de países asiáticos y los países avanzados. Cuando la velocidad de convergencia era alta, un tercer grupo de países se veían beneficiados por una mayor demanda de recursos a nivel global. Así, mayores  volúmenes de exportación y mejores precios permitieron a los países ricos en recursos naturales acoplarse a la aceleración del crecimiento global. Incluimos ahí a América del Sur, Medio Oriente y partes de Africa. Ahora que la velocidad de convergencia es más baja, los mercados de materias primas presentan menos oportunidades que en el pasado. Quizás llegó la hora para estos países de repensar su rol en el mundo. 

*publicado en el diario El Economista de Argentina.