El contexto externo de los próximos años

22/11/2015
Por: Ramiro Albrieu (CEDES)

En los próximos años la región deberá enfrentar un conjunto de desafíos de magnitud asociados a la economía doméstica. Un factor clave para determinar el espacio que tendrá para enfrentarlos será el contexto externo. ¿Será tan benévolo como en la primera década del siglo XXI, o quizás más volátil como en los últimos años?

 

Dos factores determinarán qué mundo enfrentará la Argentina. El primero, el rebalanceo de la economía China. Allí el Partido Comunista Chino (PCCh) viene anunciando un cambio en la estrategia de crecimiento, privilegiando el consumo por sobre la inversión y las exportaciones. Si bien todavía este rebalanceo parece haber comenzado, de progresar y afirmarse implicaría un escenario no tan benévolo como en el pasado reciente para los países emergentes. Dos factores operan aquí. El primero es que el rebalanceo puede resultar en un menor crecimiento para la economía asiática, y con ello, para la economía mundial. El segundo, que el rebalanceo en sí implica una menor demanda de ciertas materias primas –en particular, los metales y minerales–.

 

El segundo factor que domina la escena internacional es la normalización monetaria en Estados Unidos. La cuestión relevante aquí es que en el pasado estrategias de desinflación en la economía norteamericana han sido difíciles de digerir a nivel global y en particular en los países emergentes.

 

Estas dificultades se manifiestan en varios frentes. El principal es que la economía global crece menos de lo esperado y las fuerzas recesivas se concentran en el mundo emergente. De acuerdo a las estimaciones del FMI, dejando de lado Japón y la Zona Euro, los países avanzados crecerán 2.3% / 2.5% en 2015, en línea con el desempeño previo a la crisis Subprime. En la Zona Euro y Japón el panorama no es tan alentador, pero sí exhibe una sensible mejoría con respecto a 2014. En los países emergentes no sólo el crecimiento es menor al registrado durante el boom de la década pasada; es también más bajo que el observado en 2013-4.  

 

Detrás de este traslado de las fuerzas recesivas hacia el mundo emergente aparece el  reacomodamiento de dos factores que fueron clave para explicar la dinámica virtuosa de la década pasada: la expansión del comercio y de los flujos de capital.

 

Sobre el primer punto, entre 2004 y 2008 el volumen global de exportaciones creció entre 10% y 15% al año y en el caso de los países emergentes la expansión fue aún mayor (de casi 20% al año), con el “plus” de que esa dinámica favorecía particularmente a los precios de las materias primas. El panorama actual es el opuesto: no sólo el comercio global prácticamente no crece sino que el mayor efecto negativo se encuentra en las exportaciones de los países emergentes. Este último hecho es novedoso incluso si se considera lo ocurrido en los últimos años. Además, los precios de las materias primas se desplomaron y no parecen recuperar un sendero de recomposición en el mediano plazo.

 

Sobre el segundo punto, los sucesivos avances de la Fed en el retiro de los planes masivos de estímulo monetario han operado como eventos de volatilidad en las finanzas globales (lo que se conoce como “taper tantrum”).  Sin embargo, en los últimos trimestres los flujos de capitales hacia las economías emergentes han registrado una tendencia declinante, quizás adelantando la suba de tasas y el “vuelo a la calidad” consecuente.

 

Frente a estos panoramas, el desempeño macroeconómico es particularmente desalentador para América Latina, donde se espera que el PBI se contraiga en 2015 (un 0.3%). Si se mira a la historia, no parece casual: episodios de apreciación del dólar han sido muy dañinos para el crecimiento de la región. De hecho los dos episodios de crisis de las últimas décadas (en 1982 y 2001) se dieron en el marco de un episodio de este tipo. Esperemos que eso no suceda esta vez.