Inflación en Uruguay: un problema sin solución en 2013 PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 05 de Febrero de 2013 12:10

Por CINVE 

Desde hace ya más de dos años la inflación se encuentra desalineada con respecto al rango meta objetivo del Banco Central del Uruguay (BCU), sin embargo en los últimos meses ésta se ha ubicado por encima de 9%, encendiendo una luz de alerta en términos de riesgos severos para la estabilidad de precios. Esto determinó que la inflación se ubique en el centro de la discusión económica. Dada la vigencia del debate sobre las causas del proceso inflacionario y sus posibles soluciones, se torna relevante reseñar las perspectivas en este sentido para el año que viene, indicando que, posiblemente, este sea uno de los mayores desafíos en términos de política económica. 

El gráfico siguiente señala al menos dos elementos interesantes sobre el proceso inflacionario de los últimos años. Por un lado, el desvío de la inflación por encima del objetivo establecido por el Banco Central del Uruguay (BCU). Esto es particularmente relevante en el esquema de política monetaria actual, en el que la meta inflacionaria debería ser percibida como el objetivo alcanzable en términos de estabilidad de precios. Este incumplimiento sistemático genera un descreimiento del objetivo inflacionario y de la capacidad de la política monetaria para lograr encausar la dinámica de precios.

 

 Gráfico 1. Inflación global, tendencial y metas de inflación, var. interanual

 

Fuente: Elaboración propia en base a BCU e INE. 

 

Esta falta de credibilidad se refleja principalmente en las expectativas de los agentes. Esto último tomó particular notoriedad en los últimos meses a raíz del conflicto de los trabajadores de la bebida al negociar los ajustes salariales de cara a los próximos años. En este sentido las pautas discutidas en primera instancia internalizaban esta falta de credibilidad sobre el objetivo inflacionario al fijar una inflación esperada de 7%, fuera del rango meta definido por el BCU. El problema adicional de las expectativas desancladas con respecto al objetivo, es que cuando estas se ubican persistentemente por encima del objetivo inflacionario, los esfuerzos para reencausar el proceso inflacionario son más costosos.

 

Otro elemento destacable y no menos importante del gráfico 1 consiste en que la inflación tendencial - aquella que recoge la evolución de los precios de los productos más estables, que no están sujetos a shocks de oferta – ha evolucionado por encima de la inflación global. Ello da cuenta de que el núcleo central de la inflación se encuentra comprometido por fuertes presiones sobre los precios.

 

 Esto constituye un desafío de política, tanto sobre el correcto diagnóstico de las presiones como para actuar en consecuencia, con el objetivo de reducirlas. Asimismo una inflación tendencial por encima de la global señala que es el componente residual, por definición más errático, que amortiguaría las alzas de precios globales. Esto es riesgoso para la estabilidad de precios futura ya que ante la ocurrencia de un shock sobre los rubros de la inflación residual (carne, frutas y verduras, combustible, entre otros), la inflación global podría incrementarse y ubicarse en niveles mayores a los actuales.

 

  ¿Qué esperar para la inflación en 2013? 

 

Dados los niveles de inflación de finales de 2012 y la persistencia de las presiones inflacionarias de origen interno y externo en 2013, se espera que la inflación continúe siendo el principal desafío macroeconómico para los próximos meses. Si bien algunas medidas transitorias permitirían reducir la inflación puntual de diciembre, el proceso inflacionario está lejos de atenuarse y sus fundamentos continuarían haciendo mella en los incrementos de precios de los próximos meses. De este modo se descarta el cumplimiento del objetivo inflacionario en 2013 y se espera que la inflación se ubique levemente por encima de 8% para fin 2013.

 

En este sentido es necesario que las distintas políticas económicas se sincronicen y no sea la política monetaria quien cargue con los costos de reducir la inflación. Es que al final del día, de ocurrir esto último, será el tipo de cambio y la competitividad quienes asumirían los costos del combate inflacionario. Por lo tanto, el equilibrio entre competitividad y estabilidad de precios se tensionaría aún más, pudiendo generar mayores distorsiones de precios relativos que dificultarían la inserción de los productos uruguayos en el exterior.

 

Por otro lado, dado las presiones internas que se observan en la evolución de los precios no transables, sería deseable velar por cierta cautela en las próximas rondas de negociación salarial. Más allá de que la economía continuaría creciendo en 2013, la desaceleración incipiente podría requerir de cierta flexibilidad salarial para evitar ajustes por cantidad en el mercado laboral.

 

En el frente fiscal, se espera que las cuentas públicas, en especial las referidas a las empresas públicas se vean resentidas, al menos parcialmente, por la adopción de políticas tarifarias. Esto es, se pospondrían aumentos de tarifas como los de la electricidad, al menos hasta que la inflación ceda levemente y se ubique en torno a 8%. No obstante, estas medidas implicarían costos fiscales, y su contrapartida será un mayor déficit fiscal.

 

Por último, no se deberían descartar nuevas medidas heterodoxas, sobre todo si la inflación vuelve a ubicarse cerca de 9%. Si bien estas medidas son transitorias y no atacan el proceso inflacionario, si podrían reducir mayores incrementos en el corto plazo. Sin embargo, no están exentas de costos, ya sea por su ineficacia si se utilizan muy frecuentemente (como en el caso de Argentina) como por las distorsiones que se generan a nivel microeconómico.

 

En suma, para 2013 esperamos que la inflación continúe siendo la principal preocupación para la política económica, al menos, hasta que ésta se modere hasta ubicarse en torno a 8%. Al tiempo que no se espera una moderación significativa de las presiones inflacionarias, tanto internas como externas, sería deseable procesar los ajustes necesarios a través de la sincronización de las distintas políticas, en pos del control del proceso inflacionario.

 

 Esto último dependerá de la firmeza y prioridad que adquiera el objetivo inflacionario. La pérdida de credibilidad sobre el objetivo y el des-anclaje de las expectativas serían el costo de una discrecionalidad relativa en el manejo de los instrumentos de política monetaria y el desajuste con respecto a las demás políticas. En este sentido un mayor apego a las reglas junto a una mejor comunicación por parte de las autoridades sería deseable para comenzar un proceso de recomposición de la reputación.
 

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